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De construir en Azure al código del 96: por qué el legacy me hizo mejor AI Engineer

De levantar servicios desde cero en la nube al choque con el software legacy y la brecha tecnológica tras mi baja parental. Una reflexión sobre cómo desenterrar la confianza y por qué la IA real se construye resolviendo problemas complejos.

Ismael Barea
Ismael Barea
De construir en Azure al código del 96: por qué el legacy me hizo mejor AI Engineer

El primer equipo: construir desde cero

Mi primera experiencia laboral fue como Software Engineer en un equipo muy bien montado: ágiles Scrum con filosofía DevOps y reuniones muy cercanas a arquitectos, PMs y QMs. Construíamos servicios desde cero en Azure mientras manteníamos el core del ERP.

Aprendí muchísimo. Integraciones, diagramas, tests. Pero lo que más me marcó fue cuando el arquitecto empezó a preguntarme cómo lo hacía. Le encantaba cómo preparaba los diagramas y no solo preguntaba: me pedía que se lo mostrara. Esa validación, siendo junior, fue enorme. Sentía que lo que aportaba tenía un impacto real.

El choque: legacy, ausencia y la ola de la IA

El aterrizaje en el legacy llegó en 2026 y fue un cambio de contexto brutal. Nos tocó asumir proyectos que eran territorio desconocido: código antiguo, decisiones tomadas en el año 96 y el reto clásico de este tipo de sistemas: silos de conocimiento acumulados durante décadas y una alta complejidad técnica. De repente, el entorno que dominábamos cambió por completo.

Teniendo más experiencia que cuando empecé y entendiendo mejor las tripas del negocio, en ese entorno apenas encontraba hueco para demostrarlo. Y cuando dejas de recibir señales de que aportas valor, la duda aparece rápido: ¿de verdad sé tanto como creía?

No he perdido capacidad. He cambiado de contexto. Pero esa sensación es difícil de sacudirse cuando la exigencia es alta.

En medio de ese proceso, me fui 17 semanas de baja parental. Disfruté a mi hija cada segundo, pero la rueda profesional no paró. Mientras estaba fuera, el sector y la empresa pisaron el acelerador con la adopción de la IA. Y para rematar, estando aún de baja me llegó la noticia de un ascenso: un nuevo título sobre el papel, pero con un reconocimiento que no terminaba de reflejar el salto de responsabilidad ni el momento.

Al regresar, el impacto fue total. No solo me costaba reengancharme a un proyecto que sentía ajeno, sino que me tocaba ponerme al día a marchas forzadas para no perder el tren de una tecnología que había avanzado a toda velocidad mientras yo no estaba.

Entre el código histórico, la brecha tecnológica y esa sensación de reconocimiento a medias, yo también me sentía legacy. La duda sobre mi propia proyección apareció de golpe: a veces parece que todo cambia demasiado rápido y que siempre llegas tarde.

Volver a construir: dónde estoy ahora

Durante mucho tiempo esperé a que la validación volviera desde fuera. No ocurrió. Lo que funcionó fue dejar de esperarla y ponerme a construir.

Entendí que el choque con el software legacy no era un retroceso, sino una lección de realidad: la IA y el software moderno no viven en un sandbox perfecto en verde, tienen que convivir y resolver problemas donde el código más duele.

Hoy sigo en Unit4, en el mismo equipo. Un grupo excelente, curtido en resolver marrones complejos y sacar adelante proyectos que otros dejaron a medias. Pero entendí que el cambio de perspectiva tenía que salir de mí.

Dejé de lado la frustración y empecé a buscar fricciones reales que resolver: desde automatizar tareas del equipo con scripts en Python y PowerShell, hasta rescatar esa faceta creadora que ya me movió en su día cuando presenté Reinterpreter en el evento de innovación interno.

Pero, sobre todo, he girado hacia la IA. Hoy construyo e integro herramientas inteligentes no porque esté de moda, sino porque me obliga a aprender exactamente igual que en aquel primer equipo: rápido, con pragmatismo, sin miedo a equivocarme y resolviendo necesidades reales del día a día.

La validación no volvió en forma de aplausos externos ni en una nómina. Volvió cuando volví a sentir que lo que construyo sirve para algo.

Lo que me llevo

Si algo aprendí en aquel primer equipo es que disfruto construyendo cosas. Disfruto aprendiendo y resolviendo problemas complejos. Y sé que la confianza no desaparece: a veces solo queda enterrada bajo un contexto que no la favorece.

Entender el legacy no me hizo retroceder; me dio el contexto necesario para ser un ingeniero más maduro y con los pies en la tierra.

Escribo esto como un recordatorio para mi yo futuro. Esa sensación de impacto y dominio existe: se puede perder temporalmente entre la deuda técnica y los cambios de etapa, pero siempre se puede volver a desenterrar con la actitud y las herramientas adecuadas.


Escrito por Ismael Barea

AI Engineer en Unit4. Construyo software inteligente y escribo sobre tecnología, productividad y el impacto de la IA en el día a día del desarrollador.

Ismael Barea

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